Priorizar sentimientos sobre datos
Desde las posiciones promigratorias es común intentar combatir con datos los discursos demagógicos que, en vez de valerse de argumentos sólidos, son puramente emocionales. Los datos no contrarrestan ni la percepción ni los sentimientos, y son difíciles de recordar.
Los discursos más emocionales son los que realmente calan.
El populismo político se vale de las emociones para convencer y movilizar, con un tremendo éxito. Los datos no funcionan cuando interfieren las percepciones.
Por lo tanto, basaremos nuestra narrativa en una retórica fundamentalmente emocional, sin que los datos sean el eje narrativo.
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